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“Si la política se subordina al mercado, nos suicidamos como sociedad”

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Entrevista realizada por Antonio Villalba para El Territorio – www.territoriodigital.com.ar; a Gerardo Vetter, psicólogo clínico con una  especial vocación por los temas sociales. Critica a los políticos que se benefician con el conformismo de la gente y las incontables necesidades de los sectores más desplazados de la sociedad.

Gerardo Vetter es psicólogo clínico, con una  especial vocación por los temas sociales. “En primer lugar porque yo mismo crecí en un barrio marginal, en lo que se llama villa, con gente muy pobre, allá en Oleaginosa, Kilómetro 18”, explica. A ello se añade su carácter de diácono de la Iglesia Católica, “que hace su opción preferencial por los pobres”. Otro factor, trabaja hace más de 35 años en el Samic de Eldorado, donde conoce de cerca las necesidades de los sectores más desprotegidos e intenta comprender la forma de ser, el modo de sentir y pensar para asistir de esta manera a la gente más humilde de la zona.

El Territorio lo entrevistó para tratar de comprender en la “Misiones que Viene” los efectos que pueden provocar a las familias misioneras las dependencias de los planes sociales, las luchas internas de quienes intentan salir de la ayuda permanente del Estado y sobre todo, de las expectativas, angustias y anhelos de los más humildes. Dijo: “claramente por los excluidos, los que están buscando la salida, cuando aún no encontraron la entrada”.

 

- ¿Cuáles son los problemas sociales que más le preocupan y por qué?

 

- Siento en general preocupación, mejor diría compasión, con toda persona que sufre, de forma especial cuando se trata de gente con menos posibilidades para defenderse. Tal como es el caso de los niños, de los analfabetos, de mujeres de sectores sociales críticos o padres de familia desesperados por conseguir la changa del día. No se lo digo desde la vocación política, no la tengo. Lo digo como vecino del Interior, como ser humano y como trabajador de los temas de la salud mental con mis compueblanos. Las situaciones de egoísmo, insensibilidad, mezquindad, expulsión y  desprecio también me preocupan. Estas actitudes lamentablemente existen y ponen de manifiesto el otro lado de la miseria humana.

Lo he visto muchas veces entre gente que tiene todo en la vida y no entiende ni le interesa entender o simplemente se ha olvidado lo que se siente cuando se es pobre en serio, lo que se experimenta cuando se mira el mundo desde afuera por la ventanita brillosa del televisor, sentado en la exclusión, al margen de todo. Me preocupan los niños y adolescentes sin hogar, afecto, contención y estímulo, los desnutridos emocionales y culturales, porque todos los nutrientes son importantes para que un niño crezca y se desarrolle sanamente en forma integral como persona. Me preocupan el alcohol y las drogas en niños y jóvenes, están buscando una salida antes de la entrada.

 

- ¿El misionero se acostumbró a la vida fácil o sólo soporta tal situación porque no tiene oportunidad de un empleo?

 

- Lo que puedo decirle es que los alto-paranaenses somos conformistas. Con planes o sin planes. Es un dato de nuestra cultura y no es culpa de los planes. Lo que me parece es que el dar pescado y enseñar a pescar deben ir juntos y allí es donde entiendo debe poner toda la energía el Estado. Observo que hay políticos pícaros que tienen un beneficio secundario con el conformismo de la gente. Ofrecen cosas interesantes, pero a cambio del voto. A esos políticos les conviene la dependencia de los pobres. Que la gente no piense por si mismo, que no crezca, que no se desarrolle, que no se independice. En ese sentido he visto “acuerdos matrimoniales” bastante perversos entre ambas partes tanto del que da como del que recibe. El que está “arriba” tiene siempre más responsabilidad que el que está “abajo”.

 

- Los misioneros que están sumidos en la pobreza, ¿tienen fuerza de voluntad que les permita buscar una salida para revertir tal situación?

 

- El misionero nunca tuvo una vida fácil. Somos gente sacrificada en todo sentido. Nos conformamos con poco, cosa muy distinta. En realidad lo que nos cuesta es entender esta lógica del mercado bajo el imperio de producción y consumo: nos muestran una serie de cosas atractivas y apetecibles en la pantalla televisiva, supuestamente indispensables para ser felices. El problema es que para tener esas cosas hermosas, incluido bellísimas mujeres, no basta con trabajar y trabajar. Es preciso fijar una meta, proyectar, planificar, prever, invertir, ahorrar. Pero estas características responden más a la forma de ser del europeo o de los hijos de gringos, pero nuestra gente criolla es diferente. Yo les digo que la fuerte impronta guaranítica en nuestro Alto Paraná hace que muchos vivan el tiempo como un presente que no pasa nunca y en el que no existe el mañana. No construyen el futuro como anticipación del tiempo, viven el hoy sin pensar en el mañana. No tienen insomnio, no le transpiran las manos de ansiedad, viven el momento con el grupo de sus afectos y no se estresan a pesar de los padecimientos que le depara el presente. Comparado con el vértigo consumista de la sociedad industrial, me parece que nosotros en el interior todavía vivimos mirando ese mundo desde afuera. Esto tiene su pro y su contra, claro está.

Conformismo como austeridad y como capacidad de ser agradecido a la vida, es una virtud y constituye un valor importante, pero conformismo como fatalidad y estrechamiento de conciencia pasa a ser una seria limitación humana. Ningún conformismo conviene a la economía de mercado, ávida aumentar el consumo a toda costa. Necesita incentivar el consumo para producir y vender. Esto es diferente para la lógica de la actividad política: para ella puede ser de gran utilidad un pueblo conformista sin auto-conciencia, porque se convierte en cliente cautivo. No es culpa de la noble misión que tiene en principio toda tarea política, esto tiene que ver con el pecado, las limitaciones y estrecheces humanas de los dirigentes y grupos que hacen de la misión noble de la política un negocio.

El misionero criollo, el peón de chacra, el obrajero, el que trabaja en la reforestación o en el aserradero mamó de la cultura verticalista. Su sentido de pertenencia al patrón al partido o a su equipo, lo llena de orgullo. Fácilmente se somete a las directivas de alguien más fuerte que le asegure el sustento diario y la protección. No piensa en otra cosa y se conforma con poco. Es una cualidad de su cultura y le decía recién que esto tiene su lado positivo y su lado negativo, depende de donde se lo mire o como se encauce esta cualidad. Ello puede ser aprovechado por algunos  jefes, tanto en el ámbito privado como en el político para manejar gente humilde, según propios intereses y no en función del desarrollo de las personas y sin pensar en la necesaria promoción del bien común.

 

- No hay mucha voluntad para revertir el clientelismo local, ni de los beneficiados ni de los benefactores.

 

- Siempre hay voluntad, depende qué se entiende por voluntad. El criollo misionero puede trabajar muy duro para conformar al patrón y en eso vuelca toda su voluntad o puede también prestar su voluntad al puntero político cumpliéndole con el voto. Su voluntad es la de retribuir a quien tiene que protegerlo. El europeo tiene otro sentido de la voluntad, de independizarse, auto-superarse, ser el más eficiente y de progresar sin mucha iniciativa comunitaria. A la voluntad hay que encontrarle sentido y dirección; integrarla a un proceso de sentido y proyección existencial armonizando la búsqueda de satisfacción de necesidades básicas en el marco de metas de realización humana, en un seno familiar y comunitario concreto. Si se resignan a vivir de la ayuda del Estado, esta forma de dependencia durará muchos años, teniendo en cuenta que también puede transferir a sus hijos ese hábito. Todo se transmite a los hijos. A la sumisión y la dependencia la podemos entender, comprender y explicar sociológicamente y psicológicamente. Pero es una inmoralidad y una irresponsabilidad social cuando el poder, del tipo que fuere, se aprovecha de estas características. La sumisión y dependencia comienzan en el hogar y esto vemos mucho en nuestros ambientes. Los más débiles suelen ser la mujer y los hijos, tienen que “aprender” a someterse al hombre. Pero él casualmente es el que en su trabajo se somete al patrón con la dependencia total y absoluta, con hechos de injusticia y violencia.

 

 

- Hay quienes sostienen que los males del presente, se dan por la manera desigual de distribuir la riqueza.

 

- Claro que hay una desigualdad de oportunidades. Los bienes materiales y culturales no están disponibles para todos en forma equitativa. Algunos lo miran desde lejos o no se dan cuenta. Usted sabe que el que más tiene tendrá siempre mejores oportunidades de acrecentar su patrimonio. El que más sabe, tendrá también mejor oportunidad para acrecentar sus conocimientos y capacidades que el que no sabe. Los hijos de los pobres tendrán menos oportunidades y tendrán más dificultad para acceder a una buena formación y para salir de su situación de pobreza. Esto es así, todos somos en parte responsables de esto. Los que más tienen en cuanto a poder y dinero, más responsabilidad tienen.

 

- Muchos jóvenes antes que estudiar quieren meterse en la política, dicen “ahí está la plata”.

- Cuando el dinero maneja el mundo vamos mal. La política tiene que evolucionar como esfuerzo noble y desinteresado en la búsqueda del bien común. Las leyes económicas deben subordinarse siempre a los máximos valores de la Justicia y la misericordia, que deberían sintetizar la esencia de todo buen político y del estamento político en general. Los gobernantes y funcionarios de primera línea deberían percibir un sueldo básico como los que percibimos en Salud Pública; y no deberían aceptar ningún dinero extra bajo ningún concepto. La voluntad política debe de regirse por los más elevados valores morales para el bien común. Cuando la instancia política se subordina a las leyes del mercado, nos suicidamos como sociedad.

 

-¿Se preocupan de la salud mental en un ámbito tan obsesionado por los resultados, como suele ser una empresa?

- Es esencial del bienestar ¿De qué sirve tener todo si no hay felicidad, bienestar y satisfacción con lo que se hace? En una lógica de mercado donde se imponen las obsesiones del producir y consumir a toda costa, ello no se mira. Se sacrifican la salud física y mental de las personas, familias y comunidades. Hay un empresario que entendía por salud mental la capacidad del empleado de resistir al estrés trabajando todos los días. Si no se enfermaba, él entendía que su empleado tenía óptima salud mental. El trabajo es cardinal para todo ser humano, no sólo para asegurar el sustento. Aporta a la salud, equilibrio mental y emocional. La persona se siente útil en la sociedad, aporta y entra en comunicación con otros. No tiene que ser vivido como explotación, opresión, humillación, castigo o persecución.

 

- ¿Cómo ve el nivel de interés de la gente para una superación personal y profesional?

- Es una exigencia para el trabajador, por una necesaria auto-superación, de un proceso continuo de formación y de capacitación.

 

 

 

El perfil:

Gerardo vetter - Licenciado en Psicología en la Universidad Nacional de Asunción, revalidado por la UBA (1980). Doctorado en Psicología Clínica en la Universidad Nacional de Asunción (1999). Posgrado en Psicología del Consumo en la Universidad Nacional de Misiones, realizado en Posadas (2001). Con pasantías en Psicología Clínica en el Servicio de Psicopatología del Hospital Italiano (Buenos Aires); en el Instituto Médico Psicológico (Asunción); en el Centro Nacional de Salud Mental (La Habana, Cuba); y en Eilbecker Krankenhaus (Hamburgo, Alemania).

 

 

 

Antonio Villalba

www.territoriodigital.com.ar

“Si la política se subordina al mercado, nos suicidamos como sociedad”